6 de junio de 2017

La ochava plaga


Es el segundo libro que leo de este autor y sólo puedo decir que mi opinión sobre su trabajo empeoró. Nos la quieren vender como una inusitada mezcla entre novela policíaca y relato fantástico, pero el autor no atina a consolidar ni uno ni otro. Me sorprendió que el mercado hablara de la obra como una historia más de la “saga Casasola”, llamada así por el periodista slash investigador que la protagoniza. ¿Es decir que esa mamona proyección autoral aparece en otros libros? Me temo que sí.
            Ya que estamos aquí, comencemos por el protagonista. Se trata de un periodista, cultural, por supuesto, que por angas o mangas acabó en la sección de nota roja. El sujeto es, obviamente, un lector voraz lleno de citas y evocaciones literarias que percibe, con mirada súper culta, el mundo de violencia que retrata la prensa sensacionalista. Cuando llega a casa, enciende el televisor en el canal cultural, lo que le da pie a sesudas reflexiones sobre el panorama literario del que él, obvio goey, no forma parte y que sólo puede ver con desdén y paternalismo. Por verlo en dos ocasiones, se vuelve amigo entrañable de un reportero vulgar de un diario basura, que será su Sancho (y su Virgilio) en el bajo mundo. Dos páginas después, ya son súper camaradas él y el prota, y su quijotización ocurre de un modo súbito, pues el autor se olvida de que era vulgar y naco, y entonces también él está lleno de citas y lecturas.
El recurso fantástico consiste en que los insectos en realidad tienen conciencia y emociones humanas y le declaran la guerra a los hombres a los que, qué chistoso, transmiten sus aptitudes: caminar sobre el agua, alimentarse de caca, seguir viviendo después de haber perdido la cabeza, etc. Lo policíaco, por su parte, está determinado por el esclarecimiento de una serie de asesinatos que, chachachán, remiten a uno de esos casos en los que un insecto transmitió sus facultades características a un humano.
El lenguaje de la novela es paupérrimo y sus forzadas referencias literarias responden a la pregunta ¿cómo le hago pa meter en mi libro esta cita que acabo de leer? El argumento y su solución son descaradamente pueriles, lo que escribiría un morro de secundaria que ha leído un par de cómics y visto películas de ciencia ficción. No es esto lo que me irrita, una trama pueril puede acometerse con franqueza y con humor, lo que me desespera es la pedantería con que el autor quiere vender su bodrio.

La plaga que en realidad nos amenaza es el engrandecimiento de autores insignificantes que, sin embargo, dan "voz al sentir de los nuevos tiempos” como si la novedad, sólo por serlo, tuviera el más alto valor.

28 de noviembre de 2016

Les dibujé un Rulfito



"Esperé a tenerlo todo. No solamente algo, sino todo lo que se pudiera conseguir de modo que no nos quedara ningún deseo, sólo el tuyo, el deseo de ti".

13 de noviembre de 2016

Tramp


Ahora quieren hacernos creer que no todos los que votaron por Trump son racistas o xenófobos, que mantuvieron ocultas sus preferencias electorales porque la izquierda se niega a debatir y lo único que hace es tacharlos de ignorantes y nazis. Yo me pregunto qué otra motivación pudo haber detrás de un voto dedicado al magnate que no sea la del odio o la  del nacionalismo revanchista. ¿Será que su plataforma económica los convenció? ¿Su propuesta de política internacional? ¿su éxito en los negocios? ¿su moral intachable? No permitamos que nos engañen, apoyar a un fascista xenófobo y misógino, nos vuelve indirectamente, fascistas, xenófobos y misóginos. Los defectos de Hillary son graves, es cierto, pero no puede afirmarse que apostarle a un completo idiota tiene más que ver con su proyecto de nación que con los odios que remueve el interior de las masas ignorantes. Los votantes que eligieron a Trump lo hicieron porque sienten amenazados su privilegios de género y de raza. ¿Desde cuando, además, los demagogos proponen algo más que la venganza?


6 de noviembre de 2016

Stegner

Let your loveliness fade as it will, de Jansson Stegner


7 de marzo de 2013

Kindle

Ayer me llegó mi Kindle. Es la versión más reciente llamada Paperwhite, que tiene luz en la pantalla, mejor contraste y superficie sensible al tacto. Llegó en cuestión de cuatro o cinco días y es una maravilla. No he comprado libros en Amazon, los he descargado de un sitio genial que me encontré. Ahí los archivos vienen en formato epub, pero con un simple programa (gratuito, por cierto) se pueden convertir al formato requerido por el Kindle. Échenle un vistazo. Si no tienen un aparatejo para leerlos, basta con que descarguen el Adobe Digital Editions, que les permitirá acceder a ellos cómodamente desde el monitor de su computadora.
      Al principio me mostraba renuente a adquirir un aparato de estos, porque siempre me han gustado los libros como cosa, como objeto para tener, oler, manipular, etc. pero esta versión más amigable y atractiva de Kindle me sedujo. Ayer estuve leyendo en ella y no me decepcionó. Originalmente creí que la usaría para leer la gran cantidad de documentos que tengo en PDF, pero ¡oh decepción! el PDF se ve horrible. Supongo que tendré que usar el gizmo exclusivamente para libros electrónicos. Salvo esté detalle y las limitaciones del navegador de internet, todo está súper bien; así que si están pensando adquirir uno, háganlo. Yo lo recomiendo, les aseguro que no se arrepentirán.